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viernes, 7 de octubre de 2011

Berlín, ¿pequeñas diferencias?






- […] Pero, ¿sabes lo más curioso de Europa?
- ¿Qué?
- Pequeñas diferencias. También ellos tienen la misma mierda que aquí, pero… hay algunas diferencias.
- ¿Por ejemplo?
- Pues puedes meterte en cualquier cine de Ámsterdam y tomarte una cerveza. Y no hablo de una cerveza en un vaso de papel, hablo de una jarra de cerveza. Y en París puedes pedir cerveza en el McDonald’s. ¿Y sabes cómo llaman al cuarto de libra con queso en París?
- ¿No lo llaman cuarto de libra con queso?
- Utilizan el sistema métrico, no sabrían qué coño es un cuarto de libra.
- ¿Pues cómo lo llaman?
- Lo llaman una Royale con queso.
- Royale con queso [ríe].
- Si, así es.
- ¿Y cómo llaman al Big Mac?
- Un Big Mac es un Bic Mac pero lo llaman Le Big Mac.
- Le Big Mac. ¿Y cómo llaman al Whooper?
- No sé, no fui a ningún Burger King. ¿Y qué le ponen a las patatas fritas en Holanda en vez de ketchup?
- ¿Qué?
- Mayonesa.
- Joder.
- Les vi hacerlo macho, las bañan en esa mierda…


Este diálogo, extraído de la película Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994) y mundialmente conocido podría representar bastante bien la sensación de comparar Berlín y Madrid. Es una ciudad (como Madrid), grande (como Madrid), capital del país (como Madrid), es decir tiene la misma mierda que aquí, pero…hay algunas diferencias.

En Berlín la gente va más a su aire, se les deja hacer, se aplica aquello de vive y deja vivir. ¿Anarquía? No. La gente sabe auto imponerse unos límites a la vez que hace lo que más le apetece, así de simple. Aquí tenemos una filosofía basada en la pillería y el ser más listillo que los demás, y por tanto en la regulación y la delimitación de lo que se puede y no se puede hacer. ¿O es al revés?

¿Somos pillos porque nos limitan las libertades o tienen que prohibir porque nos excedemos?

Probablemente un poco de ambas versiones. Se puede intentar poner algún ejemplo concreto. Imaginemos un parque en Madrid, da igual cuál: el Retiro, la Casa de Campo, el parque del Río Manzanares… En general, cada cosa tiene un uso, que excluye de forma implícita el resto de usos, es decir, las bicis van por un sitio y si van por otro se les mira mal, el lago o el río es casi un adorno y si se te ocurre la idea de navegarlo en una piragua, paga por ello, no vayas a traer la tuya (y eso si se puede). ¿Una barbacoa? ¡Ni se te ocurra! Si paseas al perro, que sea con correa…

En Berlín los parques están vivos, son espacios útiles que se llenan en cuanto luce un rayo de sol: bicis, patines, barbacoas, perros, niños, circuitos gratuitos de minigolf, piraguas inflables por el Landwerkcanal, DJs que pinchan en un claro del Hasenheide con la gente arremolinada alrededor… los ejemplos son interminables.


Hay más cosas, claro: cafés y bares abiertos con horarios desconocidos e indeterminados, cocktails de espacios como galerías de arte que ofrecen bebida sin licencia de bar, vendedores ambulantes de comidas por todas partes, mercadillos en los que poner un mínimo puesto es gratis y uno no tan mínimo tiene un precio que merece la pena (y no hace falta tener un conocido  o pagar una licencia para que te autoricen), actuaciones de grupos musicales por cualquier lado, perros y bicis que viajan en el metro con billete y no pasa nada(¡oh, sacrilegio!), calles con árboles, aceras anchas y espacio para la gente y no tanto para los coches que aquí lo invaden todo, edificios abandonados a su suerte en los que se puede entrar a curiosear…yo qué sé, podría pasarme horas enumerándolo todo y se me olvidarían cosas.

En pocas palabras, la calidad de vida es mayor, los precios similares o menores, los espacios públicos existen y son, de verdad, públicos, y no productos para la especulación.

La ciudad, sencillamente, no se opone a tu existencia.




jueves, 19 de noviembre de 2009

Conducir en el Sudeste Asiático: normas importantes

Ya hemos vuelto de nuestro viaje inciático por Tailandia y algo de Camboya, y ahora que se ha terminado y las imágenes han quedado fijas en la memoria, es el momento de ir sacando conclusiones y, sobre todo, de ordenarlas y darles forma. Puede que nunca acabe por funcionar, pero vamos a intentar escribir algunas cosillas que se nos han ocurrido por allí y que nos gustaría compartir con...¿casi nadie? Creo que los 340 lectores que tenemos ahora mismo en el blog se quedarán ahí en cuanto la gente se haga a la idea de que ya hemos vuelto y de que las futuras entradas no versarán sobre playas desiertas y templos escondidos.

En cualquier caso, lo primero que hemos estado pensando es contaros nuestra experiencia como conductores de motos en Tailandia. Para empezar, las guías ponen: "En Tailandia es necesario tener el Permiso Internacional de Conducción para poder conducir por el país si no se tiene nacionalidad tailandesa", y claro, el turista, muy diligentemente, va a tráfico y se saca el susodicho Permiso, previo pago de la correspondiente tasa de 9,40 euritos. Féliz, se dirige al establecimiento de su elección, carnet en ristre y dice algo como "Sawadeekaaaaaa, I'd like to rent a motorbike, bla bla bla..." y espera pacientemente a que le pidan la documentación. A los pocos segundos de haber entrado, el turista español se encuentra con un casco de dudosa calidad en una mano, y con las llaves de una motiche de unos 125 centímetros cúbicos en la otra, y con el famoso Permiso Internacional de Conducción en donde siempre estuvo, en el bolsillo. Allí, no sólo no les importa si tienes el carnet internacional, sino que directamente les da igual si tienes carnet, sea el que sea...cosas que se aprenden con la experiencia.

Luego ya viene lo divertido, ¿o era peligroso? Bueno, es igual, ambas cosas a la vez. Te pones el casco, compruebas que efectivamente es dos tallas más grande de lo debido, te subes al bólido, metes la llave en la cerradura y aprietas el botoncito...¡¡pum, pum, pum...!! ¡Todo en orden de marcha! Arrancas, miras para todos lados y te incorporas a la carretera/calle/camino. "Es fácil", te dices, y aceleras con confianza. Ves una moto que parece que se ha equivocado de carril y viene directa hacia ti. Lo primero piensas "si es que a esta gente no le piden el carnet, normal..." y cuando te quieres dar cuenta, ves otra moto, y un coche y una camioneta, y todos van por ese carril que pensabas que era el contrario. Tu cerebro se activa y rápidamente piensas "¿por dónde se conducía en Tailandia?"...¡¡COÑO!!




La versión oficial es que se conduce por la izquierda, al estilo inglés, pero la versión real es que se conduce por donde mejor te viene, incluyendo un invisible tercer carril central que se puede utilizar a tu antojo.

Luego está el hecho de que el casco es, como cabía esperar, más un elemento teórico que práctico, pues no creo que lo use ni el 20 % de la gente, aunque esto va más por zonas, y se utiliza algo más en las ciudades que en los sitios de costa, donde es inexistente en la práctica.

Parece que los robos de motos no son un problema, ya que nadie utiliza cadenas de ningún tipo, ni practicamente quita las llaves. Algo bueno también tenía que haber.

Y nada, si se os ocurre ir al sudeste asiático y alquilar una motillo, con un poco de cuidado (bastante es mejor, incluso) y de sentido común (pero adaptado a la región, claro) casi nada puede salir mal.



¡¡Conducid con cuidado!!